Las mentiras de la Senadora Imelda Castro

El 24 de julio del 2017 falleció, a la edad de 62 años, el líder del PRD, Juan Figueroa Fuentes, instructor y padrino político de Imelda Castro. Después de su muerte, Imelda se encaramó en el proyecto de René Bejarano -El Señor de las Ligas-, llevándose con ella a algunos perredistas enemigos de la modernización de la UAS 

Los discursos atropellados de la Senadora Imelda Castro Castro y del alcalde de Mazatlán, Guillermo “El Químico” Benítez en contra el Partido Sinaloense se salieron de contexto. Rayaron en los dislates. No significan el sentir de los universitarios que la apuestan a la instrucción académica, a la ciencia, la tecnología, las artes y a la práctica del deporte en vez de desfilar por la “grilla” de izquierda  

Imelda Castro, siempre al lado del PRD, es recordada como estudiante y pasante en la Universidad por armar el chismerío en torno al Rector David Moreno Lizárraga. Después, se le ubica cubriendo interinatos en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de Los Mochis, centro docente al que intentó inútilmente de perredizar. 

A la Senadora se le vincula con el viejo perredé, a militantes de ese partido -ya morenizados- que abrevan de los recuerdos en calidad de jubilados en las afueras de la UAS. A algunos de ellos todavía les quedan fuerzas para incitar al desorden desde el exterior del campus. Otros exuniversitarios de “izquierda” que cobran como asesores Imelda Castro se enrolaron en la “tropa loca” de René Bejarano, -El Señor de las Ligas-, nuevo padrino político de la legisladora. 

También a Imelda se le recuerda al lado de perredista Juan Figueroa Fuente, quien la apapachó y la consintió políticamente, tanto así que la llevó a escalar puestos de elección popular. En el PRD, como dirigente estatal, Imelda Castro Castro sembró la discordia. Al final dejó en la quiebra al instituto político. 

La Senadora sueña con el PRD-UAS, con el proyecto “universidad-fábrica” y pugna por que regrese el al alma mater, ese caos que ella denomina “democracia universitaria”. Patina en su perorata de rescate de la Universidad, pero deja cómodamente que el PRI tome por asalto la Universidad Autónoma de Occidente, la UAIM y otros centros de educación. En la UAS enloquece porque una franja de universitarios participa en un nuevo partido: el Partido Sinaloense. 

En el discurso de Imelda Castro Castro y Guillermo el Químico Benítez usado para intentar “romper” una supuesta alianza por candidaturas comunes, subyace la exigencia de este grupo –conocido en Morena como “la tropa loca”- por apoderarse de todas las candidaturas a las posiciones en juego para los morenistas y particularmente de las alcaldías de Mazatlán, Culiacán y Ahome y varias candidaturas a diputados locales y federales. 

Ni Imelda Castro ni el Químico lograron ser candidatos al gobierno de Sinaloa y ahora van, bajo presión mezquina, por la segunda, tercera y cuarta posición de interés después de la gubernatura –que serían Mazatlán, Culiacán y Ahome-, por lo que los inconformes enfocaron las baterías contra el PAS para sacarlo del juego, creyendo que el partido estaba manco o que se iba a dejar intimidad o linchar.  

¿Suma o restan votos Imelda y el Químico? 

Los inconformes -chantajistas políticos- tienen derecho a expresar su sentir en torno a la posible alianza con el PAS, pero hablando con franqueza, sin echar mentiras. La alianza con el PAS no la rechazaron todos allá en México: la apoyaron Gerardo Vargas Landeros, Jesús Estrada Ferreiro y Rubén Rocha Moya, y la rechazaron Imelda, el Químico y la diputada Yadira Marcos, por temor a quedarse fuera del reparto de posiciones. 

Lo peor para los que se dicen “rebeldes” es que en las matemáticas electorales resulta que restan votos en vez de sumar y de que cargan sobre sus espaldas con una serie de lastres que pudieran ir a parar al costal del candidato Rubén Rocha Moya. 

Será así, no cabe duda, la dirigencia nacional de Morena, no los electores ni los medios de comunicación, quien que haga las valoraciones entre el prestigio y la suma de votos de sus posibles aliados para garantizar el triunfo.  

Por la ruta que Imelda no quiere, la realidad es que los miles de votos del PAS serán la diferencia entre el triunfo y la derrota en estas elecciones porque Morena no tiene los suficientes votos asegurados para ganar la gubernatura. 

Más allá de las difamaciones y calumnias contra el PAS y la UAS y la validez o no de las razones y los argumentos de los inconformes, Morena está obligado a sopesar, de manera práctica, qué es lo que más le conviene para sacar adelante el proyecto transformador del presidente López Obrador: ¿Sumar los votos del PAS y de candidaturas ciudadanas o mantenerse aislados a riesgo de perder las elecciones frente a una poderosa y experimentada alianza de oposición, auspiciada y coordinada por el gobernador Quirino Ordaz?

El tema polémico de la alianza, expuesto por las legisladoras federales en comunión con el accidentado “Químico” Benítez, no radica en realidad en un desacuerdo con el PAS y la UAS, sino en el interés de esta corriente por mantener las candidaturas para morenistas, especialmente las de Culiacán, Mazatlán y Ahome. 

Sin embargo, deben entender que si el propósito es ganar deben incorporarse a los mejores cuadros, los mejor perfilados y los que garanticen el mayor número de votos, incluyendo la paridad de género; hasta donde se sabe, Morena tiene la intención de postular candidatas mujeres en la mitad de los municipios, pero en Culiacán ninguna dama forjó un proyecto que le garantice ganar la elección municipal. Tampoco hay mujeres morenistas con la suficiente fuerza y presencia como para alzarse con la victoria en Ahome y Mazatlán. 


Marcial Pompa Guillén

Proyecto 3/Voces que rompen el silencio