Homicidio impune en la UAS

¿Fueron ellos o quiénes fueron? En la edición digital del 24 de junio del 2005, el periódico nacional La Jornada lo consignó así: “Acusan a ‘grupo interno’ de la UAS de asesinar al director jurídico, Enrique Ávila”. En la distancia, por el descarado deambular impune de sus asesinos materiales e intelectuales, es importante elevar la exigencia del esclarecimiento del alevoso crimen.

Señores diputados de la LXIII Legislatura del Congreso Local, ustedes están en el momento histórico para exigir a la Fiscalía General del Estado la reapertura de la investigación para dar con los responsables del asesinato.

Es muy probable que quienes cometieron el homicidio se quieran “escudar” en la Cuarta Transformación y griten “¡viva la reforma universitaria!”. Es probable. Es indudable que en el 2005 los asesinos se oponían a la estabilización y al crecimiento armonioso de la Universidad Autónoma de Sinaloa ¿Fueron ellos o quiénes fueron?

La falsa redención

¿Fueron ellos o quiénes fueron? En junio del 2005 arrancó la modernización de la UAS. Decenas y decenas de aviadores, traficantes de plazas, falsos catedráticos, faltistas, fueron despedidos de la Universidad echando madres y centellas, jurando vengarse.

Los grupos que mantenían a la Universidad sumida en el atraso perdieron el control de la institución al modificarse su Ley Orgánica. Se pasó así de la anarquía a la estabilización. Se dio un salto de la anti-academia a la academia.

Aquellos que desde el 2005 se opusieron a la reforma de la UAS y que no aportaron ningún dato para el esclarecimiento del asesinato del director jurídico Enrique Ávila Castro, acuerpados en el “cártel de los jubilados” regresaron ahora para intentar tomar por la vía de asalto demagógico a la Universidad con el ruido de la fabricación de una nueva Ley Orgánica.

No le apuestan a que sea la intervención de los universitarios en activo quienes empujen y legitimen un nuevo orden que permita a la institución la permanencia de su estabilidad y seguir creciendo en lo académico y en las áreas de la ciencia, la tecnología y la investigación.

Ese grupúsculo de jubilados que tienen años desacreditando a la Universidad sienten que “es su momento” de asaltar a la institución esgrimiendo mentiras, escupiendo difamaciones, atrapados en sus propias fantasías de poder.

Esos rehenes del pasado, beneficiarios de la vieja alma mater, retornaron dispuestos a romper el orden social y a atacar a la institución.

El “cártel de los jubilados” intenta pasar por encima del Consejo Universitario, de la autoridad suprema, del máximo órgano de autoridad colegiada de la Institución, integrado por el Rector, quien lo preside, el secretario general de la Universidad, representantes de las vicerrectorías, los directores de facultades, escuelas y preparatorias, unidades académicas, los representantes de investigadores, profesores y alumnos, y representantes de los trabajadores sindicalizados.

El “cartel de los jubilados” propone la abolición del orden establecido y que se rompan en la Universidad los candados que frenan los apetitos de poder de grupos enemigos de la Educación y la Universidad Pública y de anarquistas que la asedian para ofrecerla como moneda de cambio ¿Fueron ellos o quiénes fueron?

Hallan muerto a directivo universitario

¿Fueron ellos o quiénes fueron? En el 2005, a 12 días de haber sido nombrado titular de la Dirección Jurídica de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), Enrique Ávila Castro fue encontrado muerto debajo del puente Piaxtla de más de 20 metros de altura, que se localiza en la comunidad de El Cajón de Piaxtla, en el municipio de San Ignacio.

Un día antes, el funcionario había desaparecido. Jorge Murillo Espinoza, coordinador de Detenciones en Flagrancia de la Policía Ministerial, informó que, al parecer, Ávila Castro, de 43 años de edad, había sido levantado en la capital del estado.

Enrique Ávila Castro realizaba una revisión legal de plazas y de 300 nombramientos docentes de tiempo completo y de asignatura expedidos durante los últimos 15 días de la administración del rector Gomer Monárrez González. Varias de estas designaciones fueron validadas únicamente con la firma facsimilar del entonces director general de Recursos Humanos, Jesús Manuel Martínez Peñuelas.

Entre los nuevos movimientos de nómina autorizados el 2 de junio del 2005, seis días antes de que Monárrez González dejara la rectoría, se encuentran los nombramientos de Nicodemo y Willebando Monárrez González, hermanos del rector saliente, así como los de Noé Alberto Martínez Peñuelas y Carla Patricia Martínez Pérez, hermano e hija del director de Recursos Humanos saliente ¿Fueron ellos o quiénes fueron?

Los negocios de Medrano

¿Fueron ellos o quiénes fueron? Marco Antonio Medrano no goza de solvencia moral ni ética para opinar sobre el quehacer de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Es el mismo que en la arenga de una falsa “lucha sindical” convirtió su paso por el SUNTUAS Administrativos y el quehacer universitario en un lucrativo negocio personal.

¿Cómo entender entonces la posición leguleya de este contrahecho “líder sindical”, amoral, sin ética, expulsado de la institución al negarse a incorporarse a su plaza de laboratorista? Entendiendo que Medrano localizó un filón de ingresos “externos” creando revueltas y pretendiendo desprestigiar a la UAS.

¿De qué vive entonces Marco Antonio Medrano? ¿Quiéne lo sostiene económicamente? No trabaja. Entonces ¿De dónde come, viste y calza? Le atinó. Dio en el clavo:  El padrino lo financia, además de que encontró y tiene su modus vivendi y operandi en la UAS.

Es en el engaño a los trabajadores donde tiene montado su lucrativo negocio. Por ese motivo no se quiere ir de la universidad pese a que desde 2010 dejó de trabajar para la institución. Por eso se le ve aquí y allá, grillando, intentando destruir por destruir lo que otros construyen.

A su paso por la secretaría de Trabajo del SUNTUAS administrativos, Medrano Palazuelos protagonizó el mayor fraude laboral al operar el ingreso a la UAS de más de 400 personas sin tener ningún derecho o relación escalafonaria. Amigos, compadres, vecinos o cualquiera que estuviera dispuesto a pagarle una cuota de ingreso, fue merecedor de su propuesta laboral.

Otro de sus negocios lo fue la recurrencia a las demandas laborales en la Junta de Conciliación, obviamente canalizadas por la vía de despachos jurídicos afines. Desbaratar el Fideicomiso le dejó varios miles y miles de pesos

También se metió de lleno a la venta de ropa, zapatos, chamarras con los logos oficiales de la UAS, descontados vía nómina y ahora obtiene ingresos por la caja de ahorro de la Asociación de Jubilados apócrifa, en donde se presta dinero a sus “representados”, cobrando intereses muy altos y repartiendo las ganancias entre unos cuantos ¿Fueron ellos o quiénes fueron?

Que se esclarezca el crimen

¿Fueron ellos o quiénes fueron? Por gozar de influencia y por el entramado de una red de complicidades, universitarios en activo y jubilados que podrían o aún pueden aportar datos para el esclarecimiento del asesinato de Enrique Ávila no fueron llamados a comparecer ante la Fiscalía General de la República y quienes fueron detenidos recibieron “asesoría especial” y apoyo en los juzgados que culminó con su liberación.

Vaya usted a saber si los criminales se refugian o no ahora en la Cuarta Transformación. Todo cabe en lo posible.

En la ejecución material del asesinato participaron cuando menos 4 personas”, según la confesión de los investigadores comisionados al esclarecimiento del crimen, pero, según dijeron “no nos dejaron ahondar más, se protegió a algunas gentes, y los testigos claves comenzaron a desaparecer del mapa”.

La LXIII Legislatura debe tomar un punto de acuerdo para exigir a la Fiscalía General del Estado reabra la investigación para el esclarecimiento del asesinato del director jurídico de la UAS, y tomar las providencias legales, jurídicas y legislativas para que no se consume el asesinato de la estabilidad y crecimiento de la Universidad.

¿Fueron ellos o quiénes fueron?