Influencia del periodismo y los panismos de hoy

Leí con detenimiento el artículo de Rodolfo Díaz Fonseca intitulado “la influencia del periodismo”. Me pareció importante e interesante. Soporte para el análisis del contenido del propio Noroeste, cuyo propietario Manuel Clouthier Carrillo, aspirante a candidato “independiente” al Senado de la República, quiere unir la línea editorial, la agenda de todos los medios de comunicación al de su Diario y al de proyecto político y al del PRI. El “caso Noroeste” es tema público. De agenda pública.

Con base en un libro sobre periodismo, Rodolfo explica: “La influencia del periodismo se basa en su capacidad para imponer agendas públicas, agendas relacionadas con el interés público (en este caso es el interés de Manuel Clouthier y del PRI). Algo realmente difícil en la actualidad, debido a la enorme fragmentación de los medios en los que los ciudadanos buscan su información, pero que debe seguir siendo uno de los grandes objetivos del periodismo. Influir es decir explícitamente las cosas sobre las que creemos que hay que hablar colectivamente”.

Sobre la “importancia de las agendas públicas” (agendas públicas no la agenda de Clouthier y el PRI, que es el caso), explica que “son también las que marcan las diferencias con la prensa amarilla o sensacionalista, porque ese tipo de medios lo que quiere es imponer una propia como si fuera pública. El ejemplo más claro son los sucesos puestos en primera página. Si aparecen en la sección de sucesos, invitan a la reflexión sobre la insondable condición del ser humano. Si aparecen en la primera página, exigen declaraciones sobre la pena capital, la cadena perpetua o la reforma de incontables leyes (sobre todo, si afectan a los menores)”.

Sobre “el descredito del periodismo”, sostiene que “viene cada vez más unido del descrédito de la democracia y entraña los mismos peligros. Los periodistas hemos sido, y somos, responsables de buena parte de ese descrédito, hemos ayudado a esa pérdida de reputación, porque no cumplimos con nuestras obligaciones. Somos responsables, porque nos falta independencia, porque no cumplimos con la obligada verificación, ni con la obligación de controlar los poderes. Porque no creamos los foros de discusión crítica, que deberíamos promover. Porque, como denunciaba Camus, ejercemos el despotismo, amigándonos con las fuentes. […]”.

Paradójicamente, en el propio Noroeste, en el que Rodolfo Díaz Fonseca, como “defensor del lector”, se le publica el artículo “La influencia del periodismo”, al ex asesor o consejero electoral,  Ernesto Hernández Norzagaray, se le publica el suyo, otro, intitulado “los panismos de hoy”, en el que mañosamente pretende convertir su interés personal, su tendencia política y la de Manuel Clouthier en una “agenda pública” a discutir, pero desde el manipuleo y distorsión grotesca de la información.

Como es interés de Norzagaray “golpear” a todo lo que huele a oposición al PRI (sirvió a dos gobiernos del tricolor en la calificación “institucional” de las elecciones) y de provecho para el proyecto de Clouthier, en los “panismos de hoy”, como ya se esperaba, se vuelca en descalificaciones. Escribe tontería y media intentando armar historias maquiavélicas en torno a personajes del panismo.

Bajo el interés de Clouthier y del PRI, y del propio Norzagaray, éste escribe sobre “el otro panismo” de Sinaloa, “ese que hoy está feliz”, indica, “no con el PRD y MC”, agrega, “que no pintan nada, sino con el PAS, que ya demostró en 2016 que ante la coalición frustrada terminó comiéndose una franja importante del panismo y dejo sin pies, ni cabeza, al partido Movimiento Ciudadano”.

De hecho es chueca la percepción de Norzagaray. El PAS le quitó votos al PRI y a los otros partidos, y el triunfo del PRI quedó demostrado que se registró, no en las urnas, sino en la adulteración de las actas de votación y en los algoritmos de los sistemas de cómputo.

Contra lo que plantea Norzagaray,  la sola mención de ir el PRD en alianza con el PAS, ha provocado una importante reacción en el perredismo que espera recobrar espacios que furibundamente peleaban al interior “militantes” o “lideres”” que usaban las siglas del partido amarillo para descargar fobias y venganzas personales. Odios viejos que los hacen aparecer más viejos y perversos.

Algunos de esos “militantes” o líderes se fueron ya Morena a generar conflictos internos porque no van a fortalecer a Andrés Manuel López Obrador, sino a actuar como “caballos de Troya” en su campaña y a hacer lo que hacían en el PRD: descargar sus rencores.

En el PAN, Norzagaray imagina y fabrica resistencias, las suyas, y las pretende convertir en “agendas públicas” para el debate de la sociedad; eleva una antipatía personal, caprichosa, a rango de tema periodístico, desvirtuando la realidad, creando un falso  acercamiento o simbiosis panismo-malovismo-millanismo, cuando la verdad es que el PAN choca con esta y otras fuerzas en Sinaloa.

El malovismo está acotado, acorralado; el millanismo ensimismado en acoplar sus piezas al engranaje de las candidaturas  del PRI, y el PAN está en franca recuperación y crecimiento. El juego de la alianza le ha concedido al panismo la oportunidad de impulsar sus propios proyectos

En suma, hay un solo PAN en Sinaloa y es expresión de la nueva fortaleza que vive este partido, pieza clave en la construcción democrática del país, y que hoy gana simpatías, cohesión y visión en Sinaloa y de país.

Las agendas públicas de la que escribió en su artículo “la influencia del periodismo”,  Rodolfo Díaz Fonseca, nada tiene que ver con la agenda privada de Norzagaray. Las agendas públicas, planteó con certeza Díaz Fonseca “son también las que marcan las diferencias con la prensa amarilla o sensacionalista, porque ese tipo de medios lo que quiere es imponer una propia como si fuera pública”.

Norzagaray encaja en los rieles de la prensa amarillista…